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El Cid: "Ser betico es un actitud ante las cosas de amor y fidelidad incondicional, por lo que te llega a dar igual todo"

El Cid: "Ser betico es un actitud ante las cosas de amor y fidelidad incondicional, por lo que te llega a dar igual todo"

CIRCULO BETICO

 

Manuel Jesús El Cid nace en Salteras (Sevilla) en 1974 en el seno de una familia torera y bética. Desde muy pequeño sabía que su destino era ser torero, y para ello se preparó y entrenó sin dejar de seguir a su Betis. En el Villamarín se presenta con 7 años, y en la Maestranza lo hace con 25 para demostrar a todos su valor y torería. En el 2000 toma la alternativa y comienza su carrera hacia el éxito. Pero el año que va a marcar su vida será el de 2005. El Domingo de Resurrección sale por la puerta del Príncipe por primera vez tras cortar tres orejas y unos días más tarde volvería a repetir éxito cortando otras tres orejas en la Maestranza. En el mes de junio, sale a hombros por la puerta grande de Las ventas de Madrid, consagrándose como máxima figura del toreo, y el 11 de junio asiste a la final de Copa para presenciar la victoria del equipo de sus amores. El año triunfal de 2005 acaba para El Cid, tras cortar la temporada por un percance, viendo jugar al Betis en la Champions League. El Cid es el más claro ejemplo del triunfo del arte bético en la vida.

 

Para un bético reconocido como tú, me imagino que 2007, en el que el Betis cumple 100 años de Historia, será un año especial

 

Es un año especial para todo el beticismo. Es importante que todos los aficionados apoyemos a nuestro equipo en este año tan bonito para la entidad y para el mundo verdiblanco. El Betis es un equipo grande, aunque ahora esté pasando una mala rachilla, como le sucede a todos los grandes equipos.

 

Al hilo de lo que dices, ¿piensas que es necesario separar y diferenciar la situación que está atravesando el equipo con la celebración del Centenario?

 

Por supuesto. No tiene nada que ver una cosa con la otra. Lo que todos quisiéramos es que el Betis haga este año una temporada extraordinaria, aunque  sí digo que las temporadas en el fútbol son como las taurinas, no son como empiezan sino como terminan. Quedan muchos partidos y esperemos que el equipo haga honor al Centenario, que sólo ocurre una vez en la Historia y  somos nosotros los que hemos tenido la oportunidad de vivirlo. Esperemos que esté a la altura y acabe la temporada como se merece.

 

¿Vas a participar activamente en los actos del Centenario?

 

Todavía estoy terminando la temporada taurina. Pero sí me gustaría participar en algunos actos dentro de mis posibilidades y mientras mis compromisos me lo permitan.

 

Haciendo un poco de Historia, y para que los aficionados conozcan mejor a El Cid bético, ¿cuáles son los primeros recuerdos que tienes del Betis?

 

La primera vez que fui al campo era muy pequeño, tenía unos 8 años y fue con mi tío Pedro. Me acuerdo de Gaby Calderón, y del buen equipo que tenía el Betis. A mi me impresionaban los grandes jugadores y ese antiguo campo, lleno hasta la bandera siempre. Me acuerdo de la solera que tenía el Benito Villamarín, era muy bonito y a veces lo añoro.

 

¿Cuáles son los jugadores del Betis con los que más te has identificado?

 Gabriel Humberto Calderón para mi ha sido un jugador que ha marcado una época muy bonita en el Betis. Recientemente, me gustaron Finidi y Jarni, y por supuesto Joaquín. Pero no quiero dejar de nombrar a Alfonso, que es amigo mío, y creo que ha sido un jugador que, sin ser de Sevilla, ha sentido los colores del Betis como nadie. 

¿Estuviste  viendo en el campo las dos últimas finales de Copa del Rey, contra el Barcelona y Osasuna?

En la que perdimos contra el Barcelona en el Bernabéu no pude estar, pero sí estuveen la grada del Calderón el histórico 11 de junio de 2005. Disfruté muchísimo, a pesar de que se puso complicado cuando empató Osasuna. Pero al final hicimos méritos para llevarnos la Copa a Sevilla.

  

¿Tuviste la oportunidad de viajar por Europa con el Betis en la Champions?

Estuve toreando durante todo el año y no me pude permitir viajar a Liverpool, Londres o Anderlecht,  pero sí estuve en el partido en el que ganamos 1-0 al Chelsea en casa. Este es de los mejores partidos que vivido en toda mi vida, ya que fue en Liga de Campeones. Nunca habíamos llegado a jugar en la “liga de los elegidos”, donde están los mejores jugadores y equipos del mundo. El Betis estuvo en ella, lo que supone un mérito tremendo y una gran alegría para la afición.

  

¿Estás de acuerdo en que el Betis es mucho más que un sentimiento?

Ser bético, más que un sentimiento, es un actitud ante las cosas de amor y fidelidad incondicional, por lo que te llega a dar igual todo. Si se va mal no pasa nada, si se va bien se desborda el sentimiento. El Betis tiene arte para embaucar y para atraer. Pero lo más importante es el sentimiento conjunto del beticismo. Ese es el motor del Betis y el que hace que el Betis sea diferente a los demás. 

 

¿Por qué la mayoría de los toreros sois béticos?

Arte es sinónimo de bético, aunque también hay buenos artistas y toreros que son de otros equipos. Pero sí es verdad que muchos toreros somos béticos, porque el Betis atrae como una droga, te metes y es imposible salir de ahí. Y todo por su simpatía, por el “ange” que tienen sus aficionados.

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Homenaje a Fernado III el Santo (757 años de beticismo)

Homenaje a Fernado III el Santo (757 años de beticismo)

"Soy yo, Fernando. Bueno, vuecencias me conocen por Fernando III El Santo. Vine a Sevilla hace 757 años, y aquí me hice bético, y me alcanzó la muerte terrenal. Mi tumba es facilmente reconocible... tiene entre dos ángeles un gran escudo de plata... ni que decir tiene a qué escudo se asemeja...

Debo reconocer que este año estaba siendo un tanto pesado. Nada tengo yo contra el otro equipo de mi muy amada Sevilla, pero siempre he sido temeroso de Dios, y la soberbia es el peor de los pecados capitales. De ahí que contemplase con cierto hartazgo la importancia que se pretendía atribuir un señor leguleyo por cumplir 100 años. Comprenderán que cuando uno ha cumplido 100 años ocho veces contempla con complacencia esos primeros centenarios; no obstante, no entendía porque se le daba más importancia a ese digno acontecimiento que al 500 cumpleaños de la magna Universidad hispalense o al 400 cumpleaños de esa joya de la literatura que escribió muy cerquita mía, allá en la Carcel Real, Don Miguel.

Aún así, debo reconocer que nada hubiera hecho si la celebración de ese cumpleaños no se hubiese hecho intentando minusvalorar al equipo de mi corazón, el Betis Balompie, con el Real por delante, que alguna mano tenemos que tener los Reyes. Como iba diciendo, como patrón de Sevilla estaba feliz por el cumpleaños de la mitad de mi ciudad, pero contemplaba inquieto como se pretendía acogotar a la otra media que, además, se viste de verde como un servidor.

Lo que ya hizo relinchar a mi fiel caballo (que por si alguien lo dudaba, también es bético) fue la proclamación del leguleyo antes indicado como "el hombre más importante del mundo, después del Papa". Hombre, gracias. Trabaje usted 757 años para ésto. En fin. Pero he de reconocer que mi caballo se quiso bajar del pedestal y colgar las herraduras cuando supimos que nos habían puesto en lugar destacado de la Portada de la Feria... que el señor antes indicado iba a aprovechar para seguir ninguneando a mi querido Betis.

Y no pude más. Lo siento, de verdad que lo siento. Sé que el enojo es otro pecado capital. Sé que como Santo no debería caer en ésto. Pero no pude más. Y tuve que ponerme un pequeño broche con el escudo de mi corazón; una cosa modestita, sin molestar, pero que al menos sirviera para aliviar mi pesar. Por cierto que unos buenos amigos han cargado con la culpa de esa pequeña travesura de un servidor, quedando para la historia que el escudo fué puesto por personas, cuando en realidad fue puesto por ángeles (veréis, aquí arriba tengo tropas leales).

Pero lo peor vino después... porque como ustedes dicen, "le cogí el gustillo". Comprenderán que un servidor, que durante muchos derbis había impedido a su propio equipo una victoria, como acto de humildad y contricción, este año no iba a contenerse, no fuera a ser que me quitaran del pedestal para poner una estatua del "hombre más importante del mundo". 1-0. Y empezaron a visitarme. Y ay, le seguí cogiendo el gustillo. No saben ustedes lo aburridas que son las noches, salvo en Semana Santa. Y eso de que vengan a visitarlo a uno la gente joven, pues alegra, la verdad.

Así que, sin que el Jefe me pusiera muy mala cara (no, no voy a decir que sea bético, porque me edita el post... pero bueno... ya me entendéis) cuatro días después me dí una vueltecita por Bilbao. Y cuando volví, ya estaba otra vez la Plaza Nueva "acolarsá" (éste es un término castellano-viejo que no sé si vuecencias conocerán). Y claro, estas cosas son como el buen yantar: que envician. Ay, cuanta penitencia voy a tener que pasar...

... Porque he de reconocer que luego estuve en Mallorca. Y lo peor de todo, que esa misma noche me dí una vuelta por Nervión y, por primera vez en mis ocho siglos, le eché una manita al Málaga (que el Jefe me perdone); manita celestial, se entiende: que nadie me busque ahora para preguntar por primas, que solo de primos entiendo. Y otra vez que vinieron a visitarme... y el Jefe ya se empezó a enfadar, pero a base de bien.

Claro que tuve suerte. Porque San Fermín, entre ustedes y yo, ya está bastante premiado con la fiesta que le montan todos los meses de Julio, y a mí me habían quitado el día de mi Santo como fiesta local... así que el Jefe miró para otro lado el 11 de Junio. Y me dí un paseito por Madrid. Ay, como me hubiese gustado poder ser yo el Rey que entregase esa Copa... pero bueno, no me puedo quejar. El resto de la historia ya la conocen vuecencias: Otra visita esa noche, otra al día siguiente, y otra... debo haber rejuvenecido 300 años por lo menos.

En fin, espero que nadie se sienta ofendido por esta confesión. Amo mucho Sevilla y a los sevillanos, pero que quieren. Uno se hizo bético al llegar, y ese veneno lo llevaré siempre en la sangre. Confío, eso, sí, en que la "Federación de Peñas Sevillistas San Fernando" no cambie su nombre por lo aquí expuesto, y menos por lo último que he de confesar.

Porque he de decir que, aunque nadie haya reparado en ello, cometí una última travesura. Verán, yo es que nací en Zamora... y el equipo de mis orígenes vino por aquí para jugar una eliminatoria para ascender a 2ª división contra un filial de la ciudad... y bueno... es que la tierra también tira, ustedes sabrán perdonarlo.

Ya voy, Jefe, ya voy... la que me va a caer"

El número 1 de la Carretería

El número 1 de la Carretería

ANTONIO BURGOS 

Las puertas primorosas de la fachada plateresca del Ayuntamiento proclaman en sus relieves sobre la Plaza el acrónimo que suena a pájaro de la Centuria: SPQH, Senatus Populusque Hispalensis. Ese Senado existe. No está constituido, ni se reúne, no tiene presidente, escaños ni sesiones. Mas existe el Senado del Pueblo Hispalense. Tiene un número cerrado, exacto y contado de senaturías. Tantas como hermandades la ciudad. Es el Senado de los Hermanos Número 1 de las cofradías. Viejos sevillanos que tan cercanos tienen los tiempos de penurias y que se englorian de los hodiernos de esplendores. Sevillanos a los que apuntaron en la hermandad el mismo día que los sacaron de pila. Ya saben la frase de las viejas madrinas, cuando devolvían al bautizado a su madre, tras cristianarlo:

-Me lo diste moro y te lo devuelvo cristiano...

Cuando apuntaban al niño a la hermandad ese mismo día de pelón, batón y bautizo, la madrina tenía que haber dicho:

-Moro me lo diste y nazareno te lo devuelvo...

Así devolvieron a su casa un día de 1916 a un niño de la Puertalarená. Un niño gordote y robusto: Pepito Valera Nocera. Nada más nacer, lo habían apuntado en La Carretería, como a toda la familia. Yo no estuve aquel día en la capilla de la Luz porque tenía que ir a la calle Techada a hacerle un mandado a Galerín, que vivía allí al lado, pero sí he visto muchas veces esa estampa de un niño de pañales con su medalla de la cofradía, recién recibido de hermano, sentando plaza de sevillanía. Sin ir más lejos, la vi el Domingo de Ramos en la basílica del Señor, que recibía a un encanto de bebé con su cordón morado, su medalla... ¡y su chupe!, quien a lo mejor allá por el año 2090 será el número 1 del Gran Poder.

Sí, ya sé que el sevillano toca madera cuando va teniendo un número bajo en la hermandad, señal de que va ya muy cerca del paso...de La Canina. Algunos lo disimulan. A un amigo trianero, número bajísimo en la Esperanza, donde lo apuntaron al nacer, le pregunté por qué no salía de nazareno. Me dijo, con gracia de Casa Berrinche y Altozano:

-Mira, porque si saliera, con el número tan bajo que tengo, iban a tener que bajar del caballo al centurión del Cristo de las Tres Caídas para subirme a mí.

Pepe Valera, ex futbolista y ex entrenador del Betis, hace muchos años que no salía en La Carretería. No lo sabíamos carretero hasta el homenaje que le dio la hermandad el año pasado. Lo admirábamos como glorioso jugador del Betis campeón de Liga en 1935, y luego, en los duros años de la postguerra, cuando la plantilla de Unamuno, Peral, Areso y Aedo había partido al exilio de las dos España y se produjo la caída del Imperio hasta Tercera. Lo que son las cosas de Sevilla: ¿a que no les pega que ese mítico extremo izquierdo bético, luego entrenador y secretario técnico en los años duros, el que descubrió a Del Sol, Demetrio, Quino o Macario, fuera de La Carretería y tuviera allí el número 1? El Pepe Valera luchador y arrollador del dionisíaco Betis era de la apolínea Carretería. Misterios del barrio, de las aficiones, de Sevilla en suma. (No lejos, en El Baratillo, en la otra mitad de la ciudad arenera, el número 1 de la dionisíaca cofradía de La Piedad era el apolíneo sevillista don Antonio Delgado Roig, a su vez también número 1 del club decano y de la Hermandad del Silencio.)

Se nos ha ido el número 1 de La Carretería como cuando el palio de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad deja la calle Toneleros, con esa nostalgia romántica. Se va Pepe Valera y se lleva el recuerdo de aquel agónico Betis de la pancarta del campo del Utrera: «No hemos venido a Utrera para comprar mostachones, sino por los dos puntos para ser los campeones». Pepe Valera, admiración de nosotros los chiquillos de la Puertalarená, se ha embarcado para siempre en el vapor de la vida en la Acera del Negro, esquina a la calle del Ancora, donde en el mágico escaparate de la tienda de efectos navales de su familia estaban los calabrotes, las rosas de los vientos, los capotes de hule y los marineros bronces como de zanco de su barco carretero.

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La Condesa de Barcelona, una bética en Estoril

La Condesa de Barcelona, una bética en Estoril

ANTONIO BURGOS

Sevilla limitaba al norte con el pino de la Joroba, que estaba en la carretera de Carmona, pasado San Pablo. Al poniente, con la Cuesta del Caracol, que se escribía Cuesta del Caracol en el cartel de Obras Públicas y se pronunciaba Cuesta de Castilleja. Al sur, con el campo del Betis y con la farola monumental del escultor Juan Lafita que había en la rotonda de delante. Al levante, con la fábrica de Cruzcampo, que entonces era La Cruz del Campo y con Ranilla, que aùn no era Sevilla 1. En los límites del mundo, Sevilla limitaba también con Tánger y con Lisboa.

El extranjero era un paraíso cerrado para muchos, adonde era dificilísimo ir. Sacar el pasaporte era una aventura, porque había que presentar poco menos que un certificado del párroco diciendo que ibas a misa los domingos. No lo digo en broma. Cuando se pedía un certificado de buena conducta, no era raro que vinieran a la calle a investigar los civiles de la Brigadilla de la Calzada, que estaba en el cuartel de la plaza del Sacrificio, vulgo Fábrica de Galletas, por las que los picoletos daban. Y los de la Brigadilla, vestidos de paisano, preguntaban, por ejemplo, al del despacho de pan y tortas de la esquina como prueba del nueve de la afección al Régimen del Invicto Caudillo Franco:¿Y este señor usted lo ve que vaya a misa los domingos?

Ser "de comunión diaria", como se decía de los caballeros cristianos y hasta de los sevillanos del escándalo de la doble vida, con casita para la querida por Nervión o por la Huerta de Santa Teresa, era el mejor pasaporte para la eternidad y para esa eternidad geográfica, de lejos que nos parecía, que eran Lisboa y Tánger. El fútbol fue una buena puerta para que los sevillanos conocieran mundo. Cuando jugaba el Sevilla en Lisboa con el Benfica o el Betis en Tánger con el España, se organizaban excursiones con autobuses de Atesa (Autotransporte Turístico Español Sociedad Anónima) y con pasaporte colectivo, que era como si el franquismo de la Brigada de Fronteras de la Policía diera absolución general para alcanzar ese paraíso del extranjero.

He dicho el Sevilla en Lisboa y el Betis en Tánger. Pero también fue el Betis a Lisboa, a jugar con el Benfica, que Juan Tribuna, en sus retransmisiones de Radio Sevilla, de la Sociedad Española de Radiodifusión, nos enseñó que era el "Sports de Lisboa e Benfica". La gracia del Betis era que unas veces estaba en el infierno de la Tercera y tenía que coger el Rápido Algeciras y el transbordador "Virgen de Africa" para ir a jugar a Tánger, y que Tropezones pusiera en su dibujo del lunes en el bar de los caballitos de jamón de Manolo González, detrás de Correos, el dibujo de un bético en la aduana, recién bajado del barco, al que le quitaban lo que había comprado en Tánger, la estilográfica Parker, el reloj Cauny Prima:

Adiós, piedras de mechero,

Si la cosa bien se mira,

esto es cosa de Algeciras...

¡y de los carabineros!

Otras veces el Betis, ya llegado a la presidencia Benito Villamarín, estaba en condiciones de ir al paraíso de Lisboa a jugar con el Benfica. Tal ocurrió en 1962, aunque, claro, ya entonces, a esas alturas del régimen de Franco, salir al extranjero no era ni sombra de lo que era. Aunque el Betis, en aquella ocasión que viajó a Lisboa hizo algo que fue muy criticado en la calle Castelar, que era donde estaba la Jefatura Provincial del Movimiento. El Betis, con su directiva y su plantilla, se presentó en Estoril, para cumplimentar al Villa Giralda a una bética de excepción, a la Reina de España en el exilio, Doña María de las Mercedes de Borbón. Más que un acto de adhesión monárquica se trataba de una ceremonia bética.

Doña María era bética, y a mucha honra, y desde pequeña, cuando vivía en Sevilla, donde su padre, el Infante Don Carlos, era capitán general. "Los Infantes vivían en La Palmera", recordaba la geografía sentimental de la sevillana del Pali y allí, en La Palmera, doña María veía subir y bajar a las huestes béticas hacia el que entonces se llamaba "el Stadium de la Exposición", ora en tardes de gloria, ora en anocheceres de derrota. Doña María se hizo bética por cercanía de la gracia y los béticos la cumplimentaban en Estoril, que hasta Paquito nos ha quedado para la posteridad en el besamanos de la augusta esposa de Don Juan III en aquella corte española, tan sevillana, de Villa Giralda. Tan sevillana que tenía en el pórtico un azulejo con la salida del Rocío de Triana. Era el azulejo que estaba en la glorieta de Eritaña, en la Venta de Fernando, y que tras su derribo fue comprado por el duque de Alcalá y enviado a los Condes de Barcelona como regalo sevillano para su casa lisboeta.

Y cuando fue el Betis a Estoril, estaban en Villa Giralda los sevillanos leales a Don Juan que nunca faltaban. Pablo Atienza, José María Medina. Con ellos, el presidente del monárquico Circulo Balmes, José Acedo Castilla, sevillista de la vieja escuela del señorío. Llevaba el Betis unas corbatas con el escudo del club y las repartió Manolo Simó a todos los que estaban con los Reyes, quienes, por no defraudar a la bética Doña María y aunque sevillistas, al punto se las pusieron, quitándose las suyas. Y la bética doña María vio a Acedo con la suya en la mano, la duda blanca clon la corbata verde, el Scila y Caribdis de las creencias monárquicas y la protestación de fe sevillista. Si la historia no es ciertamente así, merecería serlo. Porque cuentan que Doña María, sevillana y bética, viendo al sevillista Acedo Castilla con la duda de la corbata bética en la mano, le preguntó con guasa: ¿No te pones tú también la corbata, Pepe?

Señora --respondió muy cortesano y respetuoso Acedo--, mi fervor por la Monarquía y mi lealtad a Vuestra Majestad no llegan hasta el punto de que tenga que abjurar de mi fe sevillista...

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