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Bando de vísperas béticas

Bando de vísperas béticas

ANTONIO BURGOS

Mañana nuestro Real Betis Balompié, este Betis bueno que no nos lo merecemos, cumple cien años que son como un poema de Lope de Vega con barquitos descubridores y conquistadores en el río romano que le dio nombre: «Lleno de velas blancas/y juncias verdes». No sólo San Fernando era bético: Lope de Vega, como acabo de demostrar, también lo era. El Betis tiene tanta grandeza que sus alineaciones son a veces la Historia de la Literatura Española. En sus filas se han alineado Calderón y Unamuno. Don Miguel de Unamuno, para no ser menos que su tocayo el de la mítica alineación de la II República, escribió un ensayo que se titulaba «El sentimiento bético de la vida». Lo que ocurre es que tuvo la mala pata de buscarse un editor palanga que el tío mamón le cambió el título al libro, y le puso: «El sentimiento trágico de la vida». Total, lo mismo. Bético y trágico es lo mismo, como significan lo mismo Betis y Dionisos, Betis y Barroco o Betis y Ciudad de Sevilla, como demuestra el reciente libro de Emilio Carrillo, socio 214.

¿De qué se cumplen cien años? Si yo fuera de los del papel de fumar, diría que mañana no es el centenario del Betis, que aquel 12 de septiembre de 1907 se fundó otra cosa, con el españolísimo «Balompié» por «foot-ball» en el nombre, adelantándose a Mariano de Cavia y a la Real Academia Española. Otra cosa que aún no era el Betis. Si celebramos mañana el centenario es porque calculo yo que aquel día, precisamente aquel día, fue cuando, según el historiador Silvio el Rockero, llegó San Fernando con la espada en una mano y el balón de Rafael Gordillo en la otra y formuló su célebre pregunta:

-¿Dónde está mi Betis bueno?

Y le respondieron las voces de la historia, la voz del Chato Moguer, la voz de José María de la Concha, la voz de Curro el de los Periódicos, la voz de Antonio Picchi, la voz de Villamarín, la voz de Luis del Sol, la voz del capitán Añino, la voz de Don Manué, la voz de Doña María de las Mercedes de Borbón:

-Un momento, Santo Rey, que lo están fundando...

Lo estaban fundando y lo estaban fundiendo en el bronce del monumento vivo que ha sido siempre su afición. Para comprar ese bronce, estaban rifando una vaca y una jaquita cartujana. Arte. El campo de Heliópolis se arrió muchas veces. Cada vez que el Guadaira se salía de madre o el Tamarguillo chiquito pero matón se ponía chulo de padre y muy señor mío. Sostengo que el campo del Betis se sigue arriando cada quince días. Arriando con la inundación de arte, de gracia, de pasión, de genialidad que le chorrea a su afición y que desborda todos los cauces y atarjeas. Afición con la que nadie puede ni ha podido, que ni se compra ni se vende, que es tuétano de la historia de Sevilla misma, espejo donde la ciudad se mira. Y también se viene inundando desde hace un siglo el campo del Betis con la arriada de la poesía. La alineación literaria del Betis sí que es de Chámpion: en la portería, Joaquín Romero Murube; en la defensa, Gil Gómez Bajuelo y Manuel Sánchez del Arco; en el medio campo, don Santiago Montoto de Sedas; y arriba, Antonio Hernández, Montero Galvache, Sánchez Pedrote y Sánchez Mejías.

Si será único y grande el Betis que sólo Ignacio Sánchez Mejías llena su historia. Venga, vamos a ver, un pulso: que me digan a mí qué otro club de fútbol tuvo un presidente al que vestido de luces lo mató un toro en la plaza. Y no habiendo quedado ahí la cosa de singular y única, Betis puro, vino Federico García Lorca y como gorigori le escribió la mejor elegía que nunca se compuso en lengua castellana.

Se cumplen mañana cien años de un mito vivo. Cien años del campo del Patronato, del Campeonato de Liga de 1935, de la primera Copa del Rey, del partido de Utrera, cien años de las Tablas Verdes, que eran las tablas de la ley bética en el Sinaí de Sevilla. Cien años de inspiración. De poesía. De leyenda. Dividan 100 entre 13 gloriosas barras blancas y verdes y tendrán una somera noción de la aritmética del arte y de la gracia.

(Las que quedan escritas no son palabras. Son sevillanísimos tambores y cornetas de un bando. El bando de vísperas de la procesión de gloria y de la estación de penitencia verdiblancas que estamos sufriendo y gozando desde hace cien años. Gozando y sufriendo. Por eso mismo es nuestro Betis.)

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