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Del Balompìé

Del Balompìé

DISCÓBOLO 

El caso es que yo soy del Balompié.

Soy de aquellos chavales, muchos de ellos hijos de militares y que, a su vez, estudiaban en la Politécnica para prepararse para la carrera militar. Soy de aquellos chicos, algunos casi niños, que se sintieron fascinados por un deporte que venía de Inglaterra y al que se conocía como foot-ball.

Sí, soy del Balompié.

Soy de ese grupo en el que se mezclaron tantos hermanos que parecía un encuentro familiar. Soy de los Hermosa, de los Castillo, de los Cascales, de los Wesolousky, de los Gutiérrez. Y también soy de sus compañeros y amigos, de Moreno, de Añino, de Ramos Asensio…

Soy del Balompié.

Soy de esos muchachos que se empeñaron en buscar un nombre diferente para el nacimiento del algo diferente, que en el verano de 1907 empezaron a jugar en el Huerto de la Mariana, que se autodenominaron “España” y, muy poco tiempo después, “Sevilla… BALOMPIÉ”.

Poco podían imaginar aquellos chavales que empezaban a darle patadas a un balón que aquel equipo que formaron a finales de 1907 iba a generar emociones y sentimientos, historia y leyenda… ¿Como iban a imaginarlo? Ellos tan solo querían jugar al balompié… pero hicieron mucho más que eso. Mucho más.

Por eso soy del Balompié.

Porque aquellos chicos se convirtieron en los primeros campeones de Sevilla, en el centro del cariño de mucha gente, en un referente del foot-ball… mejor dicho, del balompié… porque en aquellos años el Balompié se impuso al Foot-ball.

Y hay más motivos por los que soy del Balompié. Muchos más.

Lo soy porque a uno de aquellos chavales le debemos los colores verdiblancos y a otro le debemos el escudo de las trece barras. Manuel y Enrique, gracias. Lo soy porque uno de los que llegaron pocos años después, fundador por cierto del Español de Cádiz, se convirtió en un referente y en una leyenda. Herbert Richard, gracias. Lo soy porque aquel grupo de chavales se convirtió por siempre en el alma de mi equipo, hasta el punto de que en 1924, ya padres de familia y militares de carrera, volvieron a implicarse en la directiva del club para reflotarlo. Gracias, Jacinto, Edmundo, Juan y muchos otros.

Gracias por haber fundado el Balompié. Gracias por haber iniciado nuestro camino.

Un Balompié que en 1914 cambió de denominación para tomar un título de Real y el nombre de Betis del equipo al que absorbía, pero al que todos siguieron conociendo por su nombre hasta que en los primeros años treinta empezó a utilizarse más la otra parte de nuestro nombre, igualmente hermosa y simbólica. Betis y Balompié, Balompié y Betis. Porque lo bueno se escribe con una b. Y lo que es bueno y bueno, con dos.

Pero yo, cuando cierro los ojos, siempre veo aquella fotografía con ese grupo de chavales sonrientes, ilusionados, deportistas. Ese grupo que mira a la cámara sin saber que miles de ojos les mirarán a ellos durante cien años para darles las gracias; gracias por haber creado algo que nos hace sentir algo que a veces ni entendemos. Y mientras mantengo los ojos cerrados veo ese escudo plasmado en un Libro de Cuentas, ese escudo donde aparecen las palabras “Sociedad Sevilla…” y que en su centro, de forma destacada, dice quienes somos… “BALOMPIÉ”.


Y en esos momentos, con los ojos cerrados, entiendo que soy del Balompié.

Del Real Betis Balompié.

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